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Migrar no es solo llegar, es el viaje hacia una nueva vida.

  • Foto del escritor: Mariana Salas
    Mariana Salas
  • 13 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

Cuando decidimos migrar, casi siempre lo hacemos con el corazón lleno de ilusiones. Metemos en la maleta ropa, documentos y, sin darnos cuenta, también sueños, planes y la esperanza de todo lo que podría ser.

Pero hay algo de lo que casi no se habla: el viaje que empieza cuando el avión ya aterrizó. Ese que no cabe en las fotos ni en las publicaciones bonitas. Es caminar por calles que todavía no saben tu nombre, intentando memorizar esquinas y sonidos nuevos. Es escuchar un idioma que, por ahora, parece más un murmullo que una voz cercana. Es encontrarte con costumbres que te abrazan y otras que te dejan una ligera incomodidad en el pecho. Es buscar un trabajo mientras aprendes a descifrar documentos que parecen escritos en otro mundo. Y es, sobre todo, ese instante en el que te das cuenta de que el lugar que soñaste perfecto también tiene sombras… y que, aun así, decides quedarte para aprender a vivir con ellas.


Migrar no es solo llegar a un nuevo lugar; es dejar un pedazo de ti en el sitio que llamabas hogar y, al mismo tiempo, empezar a construir una nueva versión de ti en un contexto distinto. Es un duelo silencioso por lo que dejas, mezclado con la emoción de lo que descubres.


En este espacio quiero acompañarte a transitar esos matices de la migración. Quiero ayudarte a comprender lo que sientes, a encontrar estrategias para sostenerte emocionalmente, y a que puedas integrar tu historia sin perder lo que te hace único.


Migrar es un acto valiente de reinvención y aprendizaje. Aunque el camino a veces pese, poco a poco, ese lugar extraño puede convertirse en hogar, y tú en una versión más fuerte y auténtica de ti mismo.


Mariana

 
 
 

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